Como parte de un proyecto universitario, realicé una propuesta musical alternativa para un documental centrado en la vida y los paisajes del océano. Utilicé el metraje sin su banda sonora original para componer una pieza propia, explorando cómo una música distinta puede aportar una nueva interpretación a las imágenes.
Inspirado por la majestuosidad del entorno marino, quise que la música funcionara como un hilo conductor emocional, potenciando la narrativa sin distraer. Para ello trabajé con sintetizadores procesados, texturas envolventes y sonidos acuáticos diseñados cuidadosamente, buscando simular la sensación de estar sumergido bajo el mar y evocar calma, inmensidad y misterio.
A lo largo de la pieza utilicé modulaciones suaves, filtros dinámicos y reverberaciones profundas para aportar fluidez y sensación espacial, envolviendo al oyente en una atmósfera submarina realista y poética. Las armonías están pensadas para reforzar el impacto emocional del documental sin restar protagonismo a las imágenes, optando por una estética minimalista y coherente con el ritmo visual.
El resultado es una propuesta sonora inmersiva, que respira con el océano y acompaña al espectador en un viaje que combina técnica, emoción y narrativa visual.